domingo, 20 de abril de 2014

Un Corazón en Invierno

Una historia de rupturas con lo tradicional


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Título: Un corazón en invierno
Título original: Un coeur en hiver
Año: 1992
País: Francia
Producción: Philippe Carcassonne
Director: Claude Sautet
Guión: Claude Sautet y  Jacques Fieschi
Fotografía: Yves Angelo
Música: Maurice Ravel
Montaje: Jacqueline Thiédot
Reparto:Emmanuelle Béart y Daniel Auteuil
Género: Drama Romántico
Duración: 105 min







Claude Sautet, muy aclamado por su obra  Vincent, François, Paul... et les autres (1976). Estrenó en 1992 Un Corazón en Invierno, ganadora del León de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Venecia (1992) y el Premio César al Mejor Director por la Academia del Cine Francés (1993).
Claude Sautet, uno de los directores mejor valorados del cine francés, nos trae con esta una de sus obras más sólidas. Una historia sobre los sentimientos, sobre las máscaras, y posiciones sociales, y sobre la diversidad de comprensión y expresión de un sentimiento único que es el amor.
Una historia de Élites
Un corazón en invierno llegó en un momento en el que su director aún estaa presente en las mentes de los espectadores por su éxito con Vincent, Fraçois, Pul... et les autres (1976), que se había mantenido en el resto de sus obras posteriores hasta la llegada de Un Coeur en hiver, sin duda una de sus obras más sólidas hasta entonces.
La historia se desarrolla en Francia. Una Francia marcada por las diferencias sociales y la diferenciación entre clases. Este aspecto se ve muy bien reflejado a lo largo de la película, pero especialmente en las escenas en que se reúnen a cenar, y hablar de cultura, los protagonistas junto con sus amistades.
En un mundo, el de la música, lleno de rivalidades y competencias. De artistas cuyas vidas están llenas de incertidumbre y de actos de autosuperación. Donde la peor de las competencia es uno mismo, y la autoexigencia forma parte de la personalidad de cada uno. Esta incertidumbre y este aparente caos, se contrarresta con una vida de disciplina y de constancia, en la que el propio instrumento se convierte en parte de la propia personalidad del individuo, del cual no se puede despegar y del que depende la vida y la integridad del mismo. Un instrumento sin el cual el músico no está completo y en el que libera toda su tensión y encuentra la paz y la armonía en el. Un mundo, que Claude Sautet ha sabido reflejar en su obra, a través del personaje de Camille.
Un juego para sembrar discordia
La película versa, sobre un luthier, Stephane (Daniel Auteuil), que tiene un negocio con su amigo Maxime (André Dussollier). Maxime, comienza a salir con una violinista, Camille (Emmanuelle Béart), la cual, es una mujer apasionada, impulsiva y romántica, con ciertos problemas de confianza en sí misma, descontenta con su vida y con afán de superación y ganas de cambios.
Stephane, un hombre ordenado, en cuya vida todo está estudiado y todo encaja. Un hombre solitario, con una soledad buscada, frío y distante, con un alma hermética, cerrada a los demás, al que le gusta dar una imagen desagradable de si mismo, creando un escudo ante los sentimientos, privándose a sí mismo de la amistad y el amor. Comienza a encontrarse con Camille, por motivos de trabajo y por su amistad con Maxime, pero estos encuentros se convierten en cada vez más frecuentes. Hasta el punto en que Camille, se empieza a sentir atraída por esa frialdad y esa forma de ser y de afrontar la vida que tiene Stephane. y a su vez este, comienza a mostrar cierto interés hacia la pareja de su amigo y socio.
La relación entre ambos, comienza de manera distante, y va evolucionando, pero siempre mantienen una relación cortés y educada. Hasta el momento en que esta explota, y Camille es incapaz de sostener una situación, que la está llevando a romper sus propios esquemas en su relación amorosa con Maxime e incluso en su propia vida, llevándola a desconfiar de su propia labor de músico, hasta entonces lo único estable y tranquilo que había en su vida.  
Lo más interesante y rompedor de la película, llega cuando Camille, le propone a Stephane avanzar en esa relación. Le confiesa su atracción hacia el y su deseo de continuar con esa aventura a otras escalas, y este la rechaza, diciendo que el solo la había seducido por juego, sin amarla y porque así lo había decidido, pero no tenia ningún interés hacia ella. Y desvelando ese muro y esa forma de vivir la vida de la que hablábamos antes cuando dice: “Habla de sentimientos a los que no tengo acceso.”
Todo se desmorona en ese momento. Stephane ha conseguido parasitar la mente de Camille hasta el punto de llegar a separarla de su pareja. Pero lo que desde un inicio parece una historia, que por convencionalismos podría haberse resuelto de una manera totalmente opuesta, el director sorprende al espectador con la negativa de Stephane, concluyendo esta historia entre ambos protagonistas, con el desamor, el rechazo y el desconcierto por un final poco habitual.
Una realidad que a nadie le gusta contar
Esta obra, trata de mostrar al espectador esa otra parte de las relaciones sentimentales. Esos desenlaces que están ahí pero de los que nadie habla, porque no reflejan ninguna forma de éxito con el que complacernos cuando vamos a una sala de cine a evadirnos, a desconectar de la realidad, a disfrutar del éxito de los demás.
Una obra que refleja la realidad, y la complejidad del ser humano. Que habla del amor, y de las personas y nos hace ver, como un único sentimiento puede ser tan diferente y tener tantas versiones y facetas, hasta el punto de parecer cosas completamente opuestas. Ese sentimiento, que ni siquiera cada uno de los individuos sería capaz de describir, y mucho menos podemos pretender entender en el otro. Un corazón en invierno, trata de mostrarnos las diferentes formas de entender este sentimiento y las relaciones personales.
Además, esta película, es una muestra de la sociedad burguesa francesa. Como hemos dicho antes, una sociedad francesa marcada por las diferencias sociales. Una sociedad elitista, en la que la cultura y los productos culturales juegan un papel importante.
Claude Sautet, con esta obra logra conmover al espectador de una forma diferente. Consigue mantener al público expectante durante toda la pieza y llegar a desconcertar en otros puntos en los que el resultado dista de lo esperado.
Una Emmanuel Béart con una actuación formidable, que consigue cautivar al público y reflejar a la perfección los sentimientos y estados del personaje, Camille. Y un Daniel Auteuil, en el papel de Stephane, que transmite a la perfección ese aspecto frío y calculador, esa actuación del propio personaje de cara a la sociedad que lo rodea, para enmascarar la verdadera naturaleza de su personalidad. Un Daniel Auteuil, que como nos tiene acostumbrados, entiende al personaje y es capaz de transmitir a la cámara esa sinergia.
La vida del músico
Son muchos los directores que han hablado del amor, desde diferentes perspectivas. Es extraña la obra en la que este no tenga un papel, aunque sea secundario. Pero no tantos han hablado del mundo de la música.
Aunque cine y música, desde que el cine existe, han caminado de la mano, no han sido tantos autores los que han hablado de los laberintos, las luchas personales e interpersonales de este complejo mundo, que es el de los músicos especialmente en el ámbito de la música que tradicionalmente llamamos clásica.
Aunque salvando las distancias, no pude evitar recordar un título mientras veía Un corazón en invierno. Hilary y Jackie (1998), basada en hechos reales, es una película que nos habla de las dificultades y las competencias de este mundillo a través de la figura de Jackeline Du Pre, una famosa Violonchelista, esposa y compañera del conocido director y pianista Daniel Barenboim. Cuyas andaduras en el mundo de la música, comenzaron con su hermana Hilary, y evolucionaron de maneras muy diferentes. Una historia de lucha, de competencias y también de amor y desamor, que nos muestra la complejidad de compaginar el éxito y el triunfo a grandes escalas en una profesión tan difícil como es ser músico, con una vida amorosa convencional. Una obra formidable, que no me cansaré nunca de recomendar a los amantes de la música y del cine. Una película cuyo éxito reside en lo escalofriante de la historia que narra y en la formidable actuación de ambas actrices Emily Watson y Rachel Griffiths.
Rupturas
Música, amor y desorden, son las claves para entender lo fundamental de Un coeur en hiver, una obra que rompe con lo tradicional. Una película de pausas, silencios y de reflexión, que rompen con lo ajetreado del ritmo de vida y de la situación sentimental de sus protagonistas.



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