sábado, 28 de junio de 2014

Mientras Duermes

La maldad desde el origen

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Título: Mientras Duermes
Año: 2011
País: España
Producción: Julio Fernández
Director: Jaume Balagueró
Guión: Alberto Marini
Fotografía: Pablo Rosso
Música: Lucas Vidal
Montaje: Guillermo de La Cal
Reparto: Luis Tosar, Marta Etura y Alberto San Juan
Género: Thriller - Suspense
Duración: 107 min




Jaume Balagueró, responsable de películas de terror y suspense de talla internacional como Darknes (2002), Frágiles (2005) o la conocida saga REC, trae con esta una película de suspense que habla del mal, y de la maldad que afecta a una comunidad de vecinos , esta vez desde el interior.
Ganadora de seis Premios Gaudí en 2011, incluyendo “mejor película de lengua no catalana”, y nominado al Goya Luis Tosar por su interpretación en esta obra. Se ha convertido en una película que ha levantado muchas expectativas y que consecuentemente ha contado con una gran acogida entre el publico, pero que también cuenta con sus detractores.
Una pausa en el camino
Mientras duermes, un thriller de suspense, nos llega de la mano de un director que poco a poco se ha ido especializando en este género. Pero tras su cine de terror, con escenas rápidas y películas tratadas con una brutalidad extrema, basadas en una comunidad de vecinos, a la que acecha un mal que llega del exterior, como ocurre en los casos de REC 1 (2007), REC 2 (2009), interrumpe su saga para traernos una película con un ritmo más pausado y de un miedo psicológico, diferente a lo que nos tenía acostumbrados.
La historia se desarrolla en un edificio con una comunidad de vecinos, normal y tranquila en la que aparentemente todo transcurre con normalidad. Un espacio fílmico inorgánico, puesto que conocemos partes del edificio. El Hall, el estudio, y un par de pisos y de los cuales ni siquiera tenemos una visión en conjunto, desconocemos en todo momento cuantos vecinos hay  o cuántas plantas tiene el edificio, puesto que al director no le interesa mostrarlo, los espacios inorgánicos son mucho más recurrentes a la hora de crear suspense e intriga.
A diferencia de REC, a esta comunidad y este edificio, lo acecha un mal, pero en esta ocasión el mal vive dentro y esta completamente camuflado en la comunidad. Una maldad que muy sutilmente empieza a crecer y a contaminarlo todo.
El enemigo vive en la comunidad
César, es un portero de comunidad, aparentemente ejemplar. Educado con los vecinos, cuidadoso y atento con los problemas de cada uno. Lo que ellos no saben es que tras esa máscara de trabajador educado y amable se esconde un hombre que se considera incapaz de ser feliz y cuya satisfacción reside en acabar con la felicidad de los demás. Le gusta hacer daño.
Tiene un trabajo ideal para este propósito, ya que con el tiene acceso a la intimidad de todos los vecinos, le permite conocer las rutinas de todos y cada uno y le otorga la confianza de los vecinos para poder pasar desapercibido y moverse a su antojo.
A César le gusta hacer daño, crear dolor a su alrededor. Y la nueva vecina del 5ºB, Clara (Marta Etura), no deja de sonreír. Esto genera en él una obsesión, que le lleva a desencadenar un plan maléfico y meditado cuyo objetivo no es más que borrar esa sonrisa de su rostro. Para ello intenta atormentar su vida diaria de todas las maneras posibles, y su obsesión crece cuando no consigue su propósito.
Conocemos dia a dia la rutina de cada uno, que se va resumiendo a través de elipsis que contraen el tiempo del discurso, presentando una frecuencia iterativa, para mostrar cuidadosamente la rutina de los dos personajes principales. Rutinas que César consigue alterar con sus continuados intentos de sabotear la vida de Clara.
Cuando el novio de Clara llega al edificio es el único que sospecha que César esconde un lado oscuro, y no cesa hasta descubrir que es lo que oculta. Descubrimiento que le cuesta la vida y con ella un triunfo más para el portero, que no es descubierto y consigue con este acto borrar la sonrisa de Clara. Pero su malévolo plan va mucho más allá, su pretensión era arruinar de por vida la vida de la feliz vecina del quinto. Y así lo hace, con asaltos nocturnos a su cama, sin el conocimiento de ella, ha conseguido dejarla embarazada, y cuando todo parece que vuelve a recobrar el sentido en la vida de la joven recibe una última carta de César en la que le cuenta lo que ha hecho con la intención de que cada vez que mire al hijo que tienen en común, Clara sienta la desdicha y la infelicidad a la que él la ha sometido
Un protagonista muy peculiar
Mientras Duermes es una película cuya pretensión es causar miedo, crear cierta incomodidad en el espectador, y plantearle en quién deposita su confianza después de su visionado.
Pero esta obra presenta una característica muy peculiar y es que está narrada a través de César, protagonista interpretado por un Luis Tosar que, como nos tiene acostumbrados, ejecuta un papel de manera ejemplar.  Cesar, causante de la discordia en la comunidad, y convertido en protagonista para dar al espectador una visión confusa de la moralidad que se refleja en la película. normalmente estamos acostumbrados a ponernos en la piel o conocer las historias a través de los “buenos”, pero en este caso, Balagueró hace completamente lo contrario. Visualizando la historia a través de César, nos lleva a empatizar un poco con él e intentar entenderlo, hasta el punto de llegar a provocar cierta sensación de angustia y claustrofobia cuando lo van a pillar, planteándole al espectador ciertos valores, el por qué somos capaces de empatizar con un personaje tan repulsivo y despreciar a la vez cada una de las acciones que realiza.
Un personaje muy interesante es el personaje de la madre de César, enferma e ingresada en un hospital sin poder comunicarse, a la cual cuenta todas y cada una de sus acciones con el único objetivo de acabar con lo poco que pueda quedar de su  felicidad, y generando en ella un constante sentido de culpa por haberlo parido. Un personaje que está aparentemente inconcluso, del que no sabemos nada, pero que cumple dos funciones claras en la historia: en primer lugar se utiliza como vínculo de comunicación del protagonista con el público. El director utiliza a la madre como confesora para desvelar al público las ideas, motivaciones y perversiones de César. Además, el guionista aprovecha al personaje de la madre para amplificar el carácter malvado de César que la visita cada día para atormentarla. Un personaje que originalmente no estaba en el guión, según contaron los autores en Els Dijous de L'Escac, el 5 de Julio de 2012 en la filmoteca de Cataluña.
La película presenta una escritura moderna gracias a la ordenación de los hechos, lo inconcluso de algunos de sus personajes o la falta de previsión del transcurso de la historia, que la dota de un misterio buscado por el autor. Con un inicio “in media res”, la historia se presenta a través de un “flashback” que abarca tres cuartas partes de la película donde el tiempo transcurrido se evidencia a través de rótulos que desvelan al espectador los diferentes días de la semana, dotandola de estructura y haciendo al espectador aún más cómplice de los actos de César al conocer más datos.
La empatía hacia los malos
Es prácticamente imposible, hablar de Mientras Duermes, sin hablar de la coetánea La Víctima Perfecta (2011), con la que tiene muchos puntos en común,  pero mientras en la de Antii Jokinen,  el foco del mal termina siendo un mero psicópata de manual, en la obra de Balagueró se profundiza más en el problema social y el drama humano.
Por otro lado, no podemos olvidar la serie de películas del mismo director, REC 1 (2007) y REC 2 (2009), previas al estreno de Mientras Duermes. Saga la cual pauso el director para dedicarse a la obra a la que hemos dedicado este artículo.  En esta ocasión, Balagueró abandona los sucesos paranormales, los fenomenos fantasticos y la brutalidad extrema, para centrarse en lo más cotidiano.
No podíamos ignorar la relación de esta película con la que fue una serie televisiva de éxito internacional, estrenada en 2006, Dexter, que se prolongó hasta 2013. Una serie en la que, de un modo muy  similar al que pretende Balagueró que empaticemos con César, el portero, el espectador empatiza plenamente con el asesino Dexter Morgan, aunque en este caso, el grado de empatía es mayor, en primer lugar por la capacidad de desarrollo y profundización en el personaje que permite una obra seriada, y por otro lado porque Dexter no comparte con César el carácter depravado que este presenta. Sino que se rige por un código moral creado para su propia supervivencia. Aunque ambas están focalizadas en protagonistas que están fuera de lo habitual, poniendo en el punto de mira a un asesino o un sociopata.
El origen de la felicidad en el mal
Esta película presenta el de manera original el clásico y manido tema de la dicotomía bien-mal, un tema muy recurrente en la filosofía griega y que Jaume Balagueró vuelve a traer a la vida con una producción apropiada y un equipo de actores tanto principales, como secundarios que merecen la pena.
Quizás lo más interesante de la película sea el análisis o la reflexión en torno a la felicidad. Parece que el personaje de César necesita succionar la felicidad que irradia Clara, pero no por el puro placer de ser malo, como pasa en las grandes producciones americanas, antes bien, porque la propia búsqueda de la felicidad del portero pasa por aniquilar la de otra persona. Esto es algo muy común hoy en dia tanto en el plano macrosocial, donde los países del tercer mundo tienen, y digo tienen, que sufrir y ser pobres para que nosotros podamos mantener nuestro nivel de consumo, como en el plano microsocial, donde vemos a diario como compañeros de trabajo nos pisotean y nos traicionan para que ellos, de manera egoísta y solipsista avancen un poco más en su camino a la felicidad.
Hay tantos ejemplos en nuestra sociedad que quizás parece algo sintomático. ¿Estará nuestra sociedad enferma?, ¿estaremos interpretando el papel del portero de este mundo?, nos parece aberrante como César lleva a cabo toda clase de rituales extravagantes, regodeandose en su egoísmo y en su autobusqueda de la felicidad, pero nosotros no somos tan distintos de ese portero, de ese ser humano que se mira el ombligo y piensa que merece la pena que otros sufran, que otros dejen de ser felices si asi yo puedo vivir mejor. En este aspecto Sócrates se equivocaba al pensar que aquel que conoce lo que es correcto no puede sino hacer el bien y comulgo más con las teorías aristotélicas, donde un hombre puede y de hecho elige hacer el mal aun sabiendo que esta mal y conoce lo que debería hacer.
Yo creo que este es el verdadero mensaje de la película, esto es lo que Balagueró nos quiere transmitir con su disección del mal. Lamentablemente hemos elegido expulsar al mal de nuestras sociedades, creemos que lo malo no es de aquí, no habita entre nosotros, no nos pasa a nosotros. El director, en mi opinión denuncia la virtualidad de esa separación poniendo ante nuestros ojos un mal puro que atenta contra los “espacios seguros” del ser humano, su casa, su familia, su propiedad y lo hace de manera tan brutal que nos sentimos, en cierta manera, incómodos. Y esa sensación de incomodidad es la que, en mi opinión, hace tan buena a esta película, porque abre algo dentro de nosotros que hemos tratado de mantener cerrado desde que nacemos, desde que aprendemos a asumir que nosotros tenemos y otros no, que hay que competir, que solo uno puede llegar a la cima, desde que empezamos a convertirnos en “porteros de nuestra sociedad”. Mirar dentro de esa caja no es fácil pero Jaume Balagueró, en mi opinión, lo ha llevado a cabo de manera más que aceptable


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domingo, 11 de mayo de 2014

El Bucavidas

"Ganar, puede ser una gran carga"

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Título: El Buscavidas
Título original: The Hustler
Año: 1961
País: Estados Unidos
Productora: 20th Century Fox
Director: Robert Rossen
Producción:  Robert Rossen
Guión:  Sidney Carroll, Robert Rossen. Basado en la novela de Walter Tevis
Fotografía: Eugen Schüfftan
Música: Kenyon Hopkins
Montaje: Dede Allen
Reparto: Paul Newman, Jackie Gleason, Piper Laurie, George C. Scott, Vincent Gardenia
Género: Drama
Duración: 134 min








“En la mesa y en el juego se conoce al caballero”, esta frase, sacada del refranero español, podría sintetizar el objetivo de Robert Rossen con esta película. Una frase que nos lleva a rememorar a Platón cuando dijo aquello de: “Puedes descubrir más cosas de una persona en una hora de juego que en un año de conversación”. Y es que, el juego, en este caso el billar, nos es más que una mera excusa, y un escenario, para expresar la verdadera temática de la película: La arrogancia, la autosuperación, la confianza y desconfianza en uno mismo, la fraternidad y las miserias humanas.


Últimas historias que contar
En 1961, pasada ya la “caza de brujas” llevada a cabo por el senador McCarthy fundamentalmente durante el periodo de 1947 a 1956. Robert Rossen vuelve a Estados Unidos, tras su autoexilio a Europa, para rodar las dos últimas películas de su carrera. En primer lugar El buscavidas (1961) película que nos ocupa hoy. Y por último Lilith (1964), estrenada dos años antes de su fallecimiento, en 1966 a la edad de 57 años.
The Hustler (El buscavidas), Adaptación de la novela homónima de Walter Tevis (1959), célebre, aunque en un inicio algo incomprendida, fue finalmente una película de gran éxito tanto del público como de la crítica, llevándola a convertirse en uno de los grandes títulos de la historia del cine. Una obra que incluso, un gran cineasta como Scorsese, de algún modo, quiso continuar, en 1986 con El color del dinero.
Siete nominaciones al Oscar, entre ellas a mejor película, mejor director, mejor guion adaptado o mejor actor de reparto para George C Scott, la cual, esta última, fue rechazada por el actor. Y dos estatuillas ganadas: “Mejor fotografía en blanco y negro” y “Mejor dirección artística en blanco y negro”. Son un ejemplo de la entereza y calidad representada por esta obra cinematográfica.
“Eres un perdedor nato”
El buscavidas, nos narra la historia de un joven que dedica su vida a jugar al billar. Un profesional del juego y del engaño, que utiliza su habilidad en el juego para desplomar a todo el que se atreve a aceptar su desafío. Eddie Felson, o Eddie “Relámpago”, tal y como se le conoce en el submundo de mafias movidas por la apuesta y el juego alrededor del billar, es un joven ambicioso cuyo peor enemigo es su propio ego.
Todo hasta el momento le ha ido bien en el negocio del billar, junto a su “socio capitalista” Charlie, o más bien un “apoderado” que invierte su dinero en el don de Eddie para llevarse parte de las ganancias del mismo, aunque de una forma moderada y noble por el cariño y la amistad que le procesa al joven. Juntos han conseguido vivir de ello y han cosechado muchos triunfos hasta que Eddie se ha llegado a hacer un nombre en el mundillo.
Pero todo cambia, cuando Eddie, decide retar a “El Gordo de Minnesota”, reconocido como el mejor jugador de los Estados. “Relámpago” van en su búsqueda y tras toda una noche de victorias cosechando altas sumas de dinero, su ego y su desconfianza en sí mismo le hacen perder, caer en la miseria y perderlo todo, tras emborracharse y crecerse ante su contrincante, un “Gordo de Minnesota” frío, tranquilo, seguro, y paciente, que termina desplumándolo, después de casi 24 horas de juego incesante.
Esta derrota deja a Eddie sin nada, y lo lleva a romper su relación con Charlie y a conocer en una estación de tren a Sarah, una mujer solitaria y misteriosa que se muestra desconfiada, pero con la que finalmente se establece en su casa y llevan una extraña vida en pareja movida por los intereses personales de cada uno, aunque con un trasfondo de amor mutuo que casi son incapaces de expresar.
Sarah, es la unica que podria haber sacado a Eddie de ese mundo pero el afán de este por ganar a “El Gordo” no cesa, y se interpone ante el Bert Gordon (George C. Scott), uno de los más grandes “capos” que mueven el mundo de las apuestas y el billar, una sanguijuela que se aprovecha del don de otros para hacer dinero. Pero que le da un baño de realidad a Eddie en una de las conversaciones más reveladoras de la película. “Claro que te emborrachaste. Tenías la mejor excusa en el mundo para perder. No hay ningún problema si pierdes con una buena excusa. Ganar, puede ser una gran carga. Puedes soltar esa carga cuando tienes una excusa. Lo único que tienes que hacer es aprender a sentir pena por tí mismo. Uno de los más populares deportes de interior: sentir pena por uno mismo. Deporte disfrutado por todos, especialmente los perdedores natos.” Bert Gordon
Un Bert Gordon, carente de sentimientos y con una frialdad extrema que no le importa sacrificar lo que sea para conseguir sus propósitos.
El éxito del propósito de Eddie, le cuesta muy caro, y no es hasta la muerte de Sarah, cuando no madura y aprende a tener la frialdad y la entereza necesaria para conseguir ganar a “El Gordo de Minnesota”.
Un conjunto ejemplar
Como decíamos al principio, el billar no es más que una mera excusa, un escenario para dar forma a esta reflexión sobre la derrota del ser humano, sobre la confianza y la desconfianza en uno mismo, la arrogancia y la avaricia y todos esos matices de las personas, representado en este subgénero de películas dramáticas, como son la “Películas de perdedores”.
La idea de que el propio ego y la avaricia pueden convertirse en el peor enemigo de uno mismo está representado por un Eddie “Relámpago”, interpretado por un jovencísimo Paul Newman con una interpretación brillante y magistral. Este personaje iba a ser interpretado inicialmente por Jack Lemmon, que rechazó el papel para poder interpretar a un alcohólico en la película de Blake Edwards Días de vino y rosas (1962).
Todo el elenco de actores realiza un papel extraordinario, unos personajes muy bien definidos y brillantemente interpretados confluyen en esta pieza para dar forma a esta historia de derrota. Un George C. Scott, en el papel de Bert, que da forma con su inigualable actuación a la figura del malvado de película por definición, un personaje frío, calculador y manipulador. Por otro lado, Piper Laurie, en el papel de Sarah también realiza una interpretación ejemplar, desarrollando a un personaje excéntrico, solitario y pasional. Y no podemos dejar de lado la figura de “El Gordo” interpretado por Jackie Gleason, que consigue transmitir esa templanza, seriedad y entereza característica del personaje, fruto de la obsesión del joven Eddie.
Por otro lado, hay que destacar la calidad narrativa de la obra. Un ejemplo puro de causa-efecto, donde cada plano es consecuencia del anterior y germen del siguiente. Unas elipsis espacio temporales brillantes por su amplitud y su discreción en la ejecución. Y unas escenas en ocasiones casi teatrales,  y casi necesaria, puesto que con ellas se le entrega a los actores el protagonismo absoluto.
Rossen filmó esta película con unos encuadres precisos y logrando una profundidad de campo no muy común hasta entonces, que llena de matices la historia, ayudando a desarrollar la tensión y la angustia del jugador de billar, y cargado de sentimientos y emociones cada una de las escenas.

Cuentos de perdedores
Este cine de derrota, o películas de perdedores como hablábamos anteriormente, ha sido un tema recurrido en numerosas ocasiones en la historia del cine. Anterior a El Buscavidas, en 1956, John Ford rodaba The searchers, un western basado en un hombre moralmente derrotado que emprende una vendetta personal, contra los secuestradores de su sobrina, única superviviente de su familia junto a su sobrino, que le acompaña en su trayecto.
Ya en los años posteriores al estreno de The Hustler, podemos destacar tres títulos, enmarcados dentro de este tipo de temática. El rey del juego (1965), La Jauría humana (1966) y El rey del rodeo (1972). Todas ellas, protagonizadas por hombres a los que la vida no ha tratado bien, y que intentan superar sus situaciones a base de superar una derrota tras otra.
Por último, cabe destacar un título más actual, aunque salvando las distancias en cuanto a calidad narrativas, para nada comparables con El buscavidas, la película dirigida por Curtis Hanson en 2002, 8 Millas, basada en la vida del aclamado rapero norteamericano Eminem y sus primeros pasos en el mundo del rap, un mundo de “negros” en el que intenta hacerse un hueco. Como Eddie “Relámpago”, un joven que tiene un don y del que algunos pretenden aprovecharse, y un objetivo principal, arrebatar el título de mejor rapero al aclamado Pappa Doc. La vida de Rabbit (el protagonista de 8 Miles, interpretado por el propio Eminem), al igual que la de Eddie “Relámpago”, está llena de complicaciones, aunque en este caso, al moverse en ámbitos sociales diferentes y épocas diferentes, los problemas de cada uno son radicalmente distintos, aunque mantienen la esencia. Y por supuesto no puede faltar ese alma mediadora y calmante para el protagonista que es el papel de la chica, en el caso de The Hustler Sarah, pero en el caso de 8 Millas, King Basinger y Alex Latourno, que interpretan el papel de madre y novia del protagonista respectivamente. Sin duda, una película que a mi modo personal de entenderla, presenta muchas características similares a “El buscavidas”, un par de historias de perdedores que luchan a toda costa por autosuperarse y conseguir su objetivo cueste lo que cueste.
El renacimiento de las salas de billar
Sin duda, El Buscavidas, una obra excelente que ha marcado a una generación. Cuya influencia y éxito, participó en los años 60 al resurgimiento de las salas de billar, y recuperó la afición de muchos por este juego.

Una pieza, que ha dia de hoy, por su carácter clásico, su formato en blanco y negro o su ritmo, puede resultar lenta o simplemente “antigua”. Pero que sin ninguna duda, es una obra excelente que merece la pena contemplar y analizar por la riqueza narrativa que posee.

domingo, 20 de abril de 2014

Un Corazón en Invierno

Una historia de rupturas con lo tradicional


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Título: Un corazón en invierno
Título original: Un coeur en hiver
Año: 1992
País: Francia
Producción: Philippe Carcassonne
Director: Claude Sautet
Guión: Claude Sautet y  Jacques Fieschi
Fotografía: Yves Angelo
Música: Maurice Ravel
Montaje: Jacqueline Thiédot
Reparto:Emmanuelle Béart y Daniel Auteuil
Género: Drama Romántico
Duración: 105 min







Claude Sautet, muy aclamado por su obra  Vincent, François, Paul... et les autres (1976). Estrenó en 1992 Un Corazón en Invierno, ganadora del León de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Venecia (1992) y el Premio César al Mejor Director por la Academia del Cine Francés (1993).
Claude Sautet, uno de los directores mejor valorados del cine francés, nos trae con esta una de sus obras más sólidas. Una historia sobre los sentimientos, sobre las máscaras, y posiciones sociales, y sobre la diversidad de comprensión y expresión de un sentimiento único que es el amor.
Una historia de Élites
Un corazón en invierno llegó en un momento en el que su director aún estaa presente en las mentes de los espectadores por su éxito con Vincent, Fraçois, Pul... et les autres (1976), que se había mantenido en el resto de sus obras posteriores hasta la llegada de Un Coeur en hiver, sin duda una de sus obras más sólidas hasta entonces.
La historia se desarrolla en Francia. Una Francia marcada por las diferencias sociales y la diferenciación entre clases. Este aspecto se ve muy bien reflejado a lo largo de la película, pero especialmente en las escenas en que se reúnen a cenar, y hablar de cultura, los protagonistas junto con sus amistades.
En un mundo, el de la música, lleno de rivalidades y competencias. De artistas cuyas vidas están llenas de incertidumbre y de actos de autosuperación. Donde la peor de las competencia es uno mismo, y la autoexigencia forma parte de la personalidad de cada uno. Esta incertidumbre y este aparente caos, se contrarresta con una vida de disciplina y de constancia, en la que el propio instrumento se convierte en parte de la propia personalidad del individuo, del cual no se puede despegar y del que depende la vida y la integridad del mismo. Un instrumento sin el cual el músico no está completo y en el que libera toda su tensión y encuentra la paz y la armonía en el. Un mundo, que Claude Sautet ha sabido reflejar en su obra, a través del personaje de Camille.
Un juego para sembrar discordia
La película versa, sobre un luthier, Stephane (Daniel Auteuil), que tiene un negocio con su amigo Maxime (André Dussollier). Maxime, comienza a salir con una violinista, Camille (Emmanuelle Béart), la cual, es una mujer apasionada, impulsiva y romántica, con ciertos problemas de confianza en sí misma, descontenta con su vida y con afán de superación y ganas de cambios.
Stephane, un hombre ordenado, en cuya vida todo está estudiado y todo encaja. Un hombre solitario, con una soledad buscada, frío y distante, con un alma hermética, cerrada a los demás, al que le gusta dar una imagen desagradable de si mismo, creando un escudo ante los sentimientos, privándose a sí mismo de la amistad y el amor. Comienza a encontrarse con Camille, por motivos de trabajo y por su amistad con Maxime, pero estos encuentros se convierten en cada vez más frecuentes. Hasta el punto en que Camille, se empieza a sentir atraída por esa frialdad y esa forma de ser y de afrontar la vida que tiene Stephane. y a su vez este, comienza a mostrar cierto interés hacia la pareja de su amigo y socio.
La relación entre ambos, comienza de manera distante, y va evolucionando, pero siempre mantienen una relación cortés y educada. Hasta el momento en que esta explota, y Camille es incapaz de sostener una situación, que la está llevando a romper sus propios esquemas en su relación amorosa con Maxime e incluso en su propia vida, llevándola a desconfiar de su propia labor de músico, hasta entonces lo único estable y tranquilo que había en su vida.  
Lo más interesante y rompedor de la película, llega cuando Camille, le propone a Stephane avanzar en esa relación. Le confiesa su atracción hacia el y su deseo de continuar con esa aventura a otras escalas, y este la rechaza, diciendo que el solo la había seducido por juego, sin amarla y porque así lo había decidido, pero no tenia ningún interés hacia ella. Y desvelando ese muro y esa forma de vivir la vida de la que hablábamos antes cuando dice: “Habla de sentimientos a los que no tengo acceso.”
Todo se desmorona en ese momento. Stephane ha conseguido parasitar la mente de Camille hasta el punto de llegar a separarla de su pareja. Pero lo que desde un inicio parece una historia, que por convencionalismos podría haberse resuelto de una manera totalmente opuesta, el director sorprende al espectador con la negativa de Stephane, concluyendo esta historia entre ambos protagonistas, con el desamor, el rechazo y el desconcierto por un final poco habitual.
Una realidad que a nadie le gusta contar
Esta obra, trata de mostrar al espectador esa otra parte de las relaciones sentimentales. Esos desenlaces que están ahí pero de los que nadie habla, porque no reflejan ninguna forma de éxito con el que complacernos cuando vamos a una sala de cine a evadirnos, a desconectar de la realidad, a disfrutar del éxito de los demás.
Una obra que refleja la realidad, y la complejidad del ser humano. Que habla del amor, y de las personas y nos hace ver, como un único sentimiento puede ser tan diferente y tener tantas versiones y facetas, hasta el punto de parecer cosas completamente opuestas. Ese sentimiento, que ni siquiera cada uno de los individuos sería capaz de describir, y mucho menos podemos pretender entender en el otro. Un corazón en invierno, trata de mostrarnos las diferentes formas de entender este sentimiento y las relaciones personales.
Además, esta película, es una muestra de la sociedad burguesa francesa. Como hemos dicho antes, una sociedad francesa marcada por las diferencias sociales. Una sociedad elitista, en la que la cultura y los productos culturales juegan un papel importante.
Claude Sautet, con esta obra logra conmover al espectador de una forma diferente. Consigue mantener al público expectante durante toda la pieza y llegar a desconcertar en otros puntos en los que el resultado dista de lo esperado.
Una Emmanuel Béart con una actuación formidable, que consigue cautivar al público y reflejar a la perfección los sentimientos y estados del personaje, Camille. Y un Daniel Auteuil, en el papel de Stephane, que transmite a la perfección ese aspecto frío y calculador, esa actuación del propio personaje de cara a la sociedad que lo rodea, para enmascarar la verdadera naturaleza de su personalidad. Un Daniel Auteuil, que como nos tiene acostumbrados, entiende al personaje y es capaz de transmitir a la cámara esa sinergia.
La vida del músico
Son muchos los directores que han hablado del amor, desde diferentes perspectivas. Es extraña la obra en la que este no tenga un papel, aunque sea secundario. Pero no tantos han hablado del mundo de la música.
Aunque cine y música, desde que el cine existe, han caminado de la mano, no han sido tantos autores los que han hablado de los laberintos, las luchas personales e interpersonales de este complejo mundo, que es el de los músicos especialmente en el ámbito de la música que tradicionalmente llamamos clásica.
Aunque salvando las distancias, no pude evitar recordar un título mientras veía Un corazón en invierno. Hilary y Jackie (1998), basada en hechos reales, es una película que nos habla de las dificultades y las competencias de este mundillo a través de la figura de Jackeline Du Pre, una famosa Violonchelista, esposa y compañera del conocido director y pianista Daniel Barenboim. Cuyas andaduras en el mundo de la música, comenzaron con su hermana Hilary, y evolucionaron de maneras muy diferentes. Una historia de lucha, de competencias y también de amor y desamor, que nos muestra la complejidad de compaginar el éxito y el triunfo a grandes escalas en una profesión tan difícil como es ser músico, con una vida amorosa convencional. Una obra formidable, que no me cansaré nunca de recomendar a los amantes de la música y del cine. Una película cuyo éxito reside en lo escalofriante de la historia que narra y en la formidable actuación de ambas actrices Emily Watson y Rachel Griffiths.
Rupturas
Música, amor y desorden, son las claves para entender lo fundamental de Un coeur en hiver, una obra que rompe con lo tradicional. Una película de pausas, silencios y de reflexión, que rompen con lo ajetreado del ritmo de vida y de la situación sentimental de sus protagonistas.