La locura en la montaña
Título: La felicidad de los Katakuri
Título original: Katakuri-ke no kôfuku (The Happiness of the Katakuris)
Año: 2001
País: Japon
Producción: Hirotsugu Yoshida
Director: Takashi Miike
Guión: Kikumi Yamagishi
Fotografía: Hideo Yamamoto
Música: Kôji Endô y Kôji Makaino
Montaje: Yasushi Shimamura
Reparto: Kenji Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinji Takeda, Naomi Nishida, Kiyoshiro Imawan, Tetsuro Tamba
Género: Musical. Thriller. Comedia. Terror
Duración: 113 min
Decir de esta película que es un musical sería no decir nada; plantearnos, que estamos ante un filme de terror, nos llevaría a redefinir el concepto; pero pensar en La Felicidad de los Katakuri como un Thriller Cómico, se acerca tal vez, un poco más a la percepción global de la película. Y es que, esta alocada familia Japonesa que vive en las montañas, nos deja boquiabiertos en numerosas ocasiones con sus disparates.
Pero sin embargo, una película de las que difícilmente pasarán al olvido de aquellos que la hayan visto.
Decir de esta película que es un musical sería no decir nada; plantearnos, que estamos ante un filme de terror, nos llevaría a redefinir el concepto; pero pensar en La Felicidad de los Katakuri como un Thriller Cómico, se acerca tal vez, un poco más a la percepción global de la película. Y es que, esta alocada familia Japonesa que vive en las montañas, nos deja boquiabiertos en numerosas ocasiones con sus disparates.
Haciendo buen uso de lo que llamamos “Factor Sorpresa”, Takashi Miike, introduce musical, animación en plastilina, asesinos, luchadores de sumo, travestis, zombies, karaoke, valores familiares, y tradiciones en un mismo saco y los agita, dando lugar a esta obra alocada que no deja indiferente a nadie desde el primer minuto.
Una lluvia de producciones
Takashi Miike carga con una larga lista de producciones a sus espaldas, ha dirigido más de setenta producciones teatrales, películas y programas televisivos desde 1991. Durante sólo los años 2001 y 2002, Miike dirigió quince producciones. Pero este dato, sólo nos puede inducir a pensar, que tal vez, el compromiso por hacer esta cantidad de películas, es lo que le ha llevado a dar como resultado una obra como La Felicidad de los Katakuri, una aluvión de ideas y ganas, que le llevaron a construir esta película tan desconcertante. Pero esta capacidad de creación, le viene a Miike heredado de su etapa en la televisión japonesa, llevándolo a aceptar cualquier encargo, cualquier temática y género, por dispar que sea; dándole una impresionante variedad en sus películas.
Remake de una comedia negra surcoreana, La felicidad de los Katakuris no fue su mejor trabajo en ese año, pero sí uno de los más libres y enloquecidos.
En busca de la tranquilidad
Aunque los dos primeros minutos, nos pueden llevar a pensar que nos encontramos ante una película que no va a tener ninguna concordancia argumental. Según evoluciona la historia, descubrimos que nos narra la historia de una familia que había estado separada por motivos diversos, familiares y personales, la cual, el padre y cabeza de familia, vuelve a unir bajo el mismo techo, para trabajar todos juntos en el nuevo negocio familiar. Una hospedería en las montañas.
Todo transcurre con normalidad en la casa, aunque tarda en llegar un primer huésped, con la mala suerte para la familia, de que termina suicidándose, llevándolos a enterrar el cadáver para no manchar el nombre del negocio ni traer mala suerte a la casa. Y tras esta muerte, se suceden otras, que resuelven de la misma manera.
Llegan otros huéspedes, unos más normales que otros. Un estafador del que se ha enamorado la joven de la familia, recién divorciada, que finalmente, termina muerto... Una serie de catastróficas desdichas, que no dejan un respiro a la familia, que solo busca un lugar apacible y tranquilo del que disfrutar. Cosa, que parece que van a conseguir después de una erupción volcánica, que parece mover a tierra hasta colocarlos en un lugar despejado, y tranquilo, bastante sorprendente.
Una caja de sorpresas
Como la gran mayoría de producciones japonesas, esta obra nos muestra la una imagen, que aunque, en este caso, algo desestructurada, siempre cuenta con un hombre, como cabeza de familia, guía y máxima autoridad. Es por el por quien todos se reúnen bajo un mismo techo, a pesar de sus diferencias y discusiones. El abuelo de la familia, siempre cómplice de los nietos e independiente, que marca las pautas sobre lo que esta bien y lo que esta mal en el día a día familiar. La madre, esposa fiel, enamorada de su marido y protectora con sus hijos. La figura de la joven, muy temperamental, enamoradiza, inocente y torpe, es una imagen que se repite continuamente en las obras japonesas. Sin olvidar al chico joven, que ha sido carterista tiempo atrás, y ha estado en la cárcel, que fastidia continuamente a la chica, y que se convierte en sospechoso de asesinato, por su mala reputación, aunque realmente es quien luego ayuda a unir aún más a la familia.
En el transcurso de la película, podemos seguir una trama elaborada, intercalada con elementos que rozan lo absurdo. El contraste entre unas escenas que nos inducen a pensar que todo se va a poner más serio, y que nos llevan a preocuparnos por los personajes o crear en el espectador un nivel de intriga o tensión, contrasta con las actuaciones musicales, las manera de resolver los conflictos, los esperpénticos bailes y puestas en escena, o las animaciones de modelados. Elementos que consiguen arrancar, por su disparidad, una carcajada en el momento aparentemente menos oportuno. Por no hablar de la actuación poco natural de los actores, a la que no estamos acostumbrados, que igualmente, en ocasiones, saca alguna que otra sonrisa. Pero que concuerda perfectamente con la armonía, si podemos decir que tiene alguna, del resto de la película.
Pero esta película, trata además, de hacer hincapié en los valores familiares. La familia unida bajo un mismo techo y unas mismas creencias, que lucha unida por la supervivencia de todos y la armonía en el hogar.
Las colinas reviven con el sonido de la música
Las colinas reviven con el sonido de la música
Como ya hemos dicho, La Felicidad de los Katakuri, combina diferentes géneros, diferentes formas de narrar una historia. Se nutre de muchas fuentes. Esto nos recuerda, aunque salvando las distancias marcadas, sobre todo, por las diferencias culturales, de alguna manera al cine de Tarantino, que reúne géneros, ideas y conceptos tomados de la experiencia del director y los une para crear películas complejas o delicadas, que al igual que pasa con esta película, aburre y deja indiferente a muchos pero apasiona e impresiona a otros tantos.
Pero no sólo el cine de Tarantino nos asalta al pensar en esta película. No podemos hablar de ella, sin mencionar las claras referencias de esta, con el género musical occidental y también el cine de Bollywood. Esos escenarios que parecen postales cutres y coloridas, evadidas de la realidad y del escenario donde se esta desarrollando la acción, ademas de lo absurdo de las temáticas, conclusiones o formas de abordar las canciones, es algo muy característico de las comedias indias.
Y, claro esta, no podemos omitir, el clarísimo guiño que hace la película, al musical occidental, tanto en sus coreografías y estilos, como en sus referencias visuales. Sonrisas y Lágrimas, es uno de los musicales que ha nutrido esta idea, puesto que no hay más que apreciar el cartel de la película, tomado de la última escena, en la que solo faltaría una Julie Andrews saltando por la colina al ritmo de “The hills are alive, with the sound of music”
Inolvidable
Diferente, alocada, rara, extraña o simplemente difícil de digerir para un público que no esta acostumbrado a este tipo de composiciones, o que no haya visto alguna obra japonesa de cualquier tipo para entender su cultura.
Pero sin embargo, una película de las que difícilmente pasarán al olvido de aquellos que la hayan visto.

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